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7.2.18

FRANCISCO, LA MUSICA Y LOS MUSICANTES

Han pasado unos días que Francisco visitó nuestra casa. De las muchas cosas que nos dejó hay mucho para ver, revisar, repensar, estudiar nuestra tarea musical.  No lo esperábamos, pero se dio y Francisco la provocó.
Hay toda una cuestión sobre la música religiosa.  En el ambiente nuestro, de las comunidades cristianas, y sobre todo, en las comunidades de músicos, hay largos debates sobre el tema.  Tanto en la forma como en los contenidos.  ¿Cuál es la música apropiada? ¿debe ser siempre de alabanza, de adoración?.  Mejor se lo preguntamos a Dios: ¿cuál es la música que agrada a Dios?. Y ahí hay un montón de gentes que hablan con Dios y nos trasmiten sus respuestas. La otra pregunta, más filuda es sobre la música que la Iglesia católica aprueba y propicia.
Aunque siempre la hemos tenido clara, hemos seguido los largos debates que se han hecho a través de las redes.  Atándonos las manos para evitar la tentación de participar en ellas, hemos leído con atención los argumentos de uno y otro lado.  Impresiona siempre cómo el argumento final es aquel que habla del mandato de la Iglesia, santa palabra que no admite discusión ni interpretación ajena a quién la proclama.
Sin embargo, a partir de la visita de Francisco, se nos remueve el piso.  Veamos.

UNO
Viene Francisco y nos pone en aprietos: “Pidámosle a ella (a María) que nos ponga bajo su manto y que nos lleve siempre a su Hijo; pero digámoselo cantando con esa hermosa marinera: «Virgencita de la puerta, échame tu bendición. Virgencita de la puerta, danos paz y mucho amor». ¿Se animan a cantarla? La cantamos juntos. ¿Quién empieza a cantar? Virgencita de la Puerta.. (el coro tampoco). Entonces se lo decimos si no lo cantamos. Virgencita de la Puerta échame tu bendición, Virgencita de la Puerta danos paz y mucho amor.”
Y Francisco comienza a responder con su pedido.  ¿Acaso no sabes Francisco lo que la Iglesia dice sobre la música en la liturgia?. ¡Ay! Francisco, parece que no te das cuenta que eres hombre de Iglesia, ¡el primero!. ¿O será que nos quieres decir, que justamente por eso, importa Jesús y sus opciones antes que iglesia y religión?, ¿que lo que importa es aquello que te acerque a Dios?
A ver, algunos puntos a tomar en cuenta: 
·       ¿Cantarle a María en plena misa y no al final?  Se supone que la Eucaristía tiene como centro a Jesús, Dios.  En ese sentido es Jesúscéntrica (la palabra no existe, pero no importa, nos sirve). ¿Te das cuenta, Francisco, que nos estás diciendo que el culto –y cada elemento- nos debe llevar a Dios, quizá, a pesar de lo que dice la Santa Madre Iglesia sobre cómo hacerlo?.
·       “cantando con esa hermosa marinera”.  Francisco, ¿nos estás diciendo que podemos cantar marineras en misa para encontrarnos con Jesús?, y si son marineras, ¿también huaynitos y cumbias y resbalosas y pandillas y chimaychis y diabladas y un largo etcétera musical nuestro? ¿Y de cada cultura nativa, o social, o generacional?.  A la música popular la han despreciado los amantes del gregoriano y sacan la larga lista de los tratados eclesiales sobre el tema.  Pues Francisco, con su simpleza y su llaneza nos pide que le cantemos a María, madre, mujer en la eucaristía con ritmos de nuestra tierra.
·       Punto final.  Servidores de la música ya tenemos una tarea, bueno no generalicemos, la tarea por lo menos es para nosotros. ¿Qué canciones, qué melodías acercan a tu pueblo a Dios?  Tómalas en cuenta.
Y, más o menos en el mismo punto, como para que no nos quedaran dudas, una mañana Francisco fue despertado con un albazo. Carlos Mejía Godoy y una excelente representación nicaragüense –incluida la embajadora de ese país- cantándole canciones de la Misa Campesina (con una adaptación al quechua del coro del Credo).  Francisco no solo agradeció el detalle, sino que lo felicitó y alentó. Gracias Francisco, no sabes el bien que nos haces a esta parte de servidores y servidoras de la música.  Que la conozcas, que te agrade, que la alientes, nos da muchas luces.

DOS
Domingo 21, teníamos posibilidades de acompañar a Francisco en varios de sus eventos, elegimos estar en la Nunciatura, por la mañana.  Muy temprano, siguiendo las indicaciones lo esperamos frente a la puerta.  A las 6:30 en punto, un par de mujeres jóvenes de lindas voces comenzaron con la animación, para terminar de despertarnos a los ¿cientos? ¿miles?, -bah, que importa el número- de quienes estábamos esperando su salida.
Buen equipo de sonido, limpio, claro, invitación a participar.  A moverse conforme el espíritu subía o bajaba para engrandecernos o empequeñecernos, etc. 
Luego de varios, ¿LES GUSTÓ?, ¡NO SE OYE!. Comenzó un potpurrí largo, 20, 25, 30 minutos de canciones reflexivas, de búsqueda de Dios, de encuentro. Y, como no podía ser de otra manera, al final había que saltar con “Tú eres todo, poderoso, eres grande y majestuoso, eres fuerte, invencible, y no hay nadie, como Tú uuuú.” Las personas que estaban presentes vivieron intensamente ese momento, se les veía en sus rostros, se sentía en sus aplausos generosos y largos la complacencia con el trabajo de las chicas. Habían vivido un momento demasiado especial.
Bueno, ya se dieron cuenta por donde andamos.  Casi todo el potpurrí era de canciones de nuestros hermanos separados y terminó con ese himno frenético, también de ellos.  Ya lo sé, esto no era una liturgia, pero recordé todas las discusiones sobre el uso de estas canciones para un católico hijo de su iglesia, y también para una católica hija de su iglesia. Es seguro que no lo sabrían las chicas ni la gente que estaba ahí.  Pero si lo hubieran sabido, ¿habría cambiado algo el momento especial que les hicieron vivir a toda la gente madrugadora que se congregó ahí?.
Y no era la primera vez, la escuchamos en encuentros de jóvenes, de religiosos, religiosas, a nivel parroquial, diocesano, esa y muchas canciones más.  Lo habíamos vivido en Puerto Maldonado cuando un sacerdote joven, -miembro de una congregación que estima en mucho el personalísimo encuentro salvífico con Jesús- como parte de la animación incluyó varias canciones de estos nuestros hermanos.
Durante los años que tenemos como grupo, nuestros hermanos, de diferentes confesiones, han sido generosos con nosotros, nos han pedido acompañarles en muchos de sus momentos, hemos celebrado con ellos y ellas, nos hemos reconocido como hijos e hijas de un mismo padre, ellos cantan nuestras canciones porque les ayudan en sus búsquedas y compromisos.  Pero esa es nuestra experiencia. 
De cerca conocemos, cómo, en ocasiones, se llega a anatemizar el uso de canciones que no sean de la propia iglesia, se trate de católicos o evangélicos.  Esta mañana, lo vivido en la avenida Salaverry iba contra esos principios, ¡en la casa del Papa!
Felizmente las prácticas que tenemos en nuestros pueblos andan más en consonancia con la búsqueda sincera de Dios que, regio Él, se nos muestra por donde le da la gana.

TRES
Y, finalmente, UNIDOS POR LA ESPERANZA.  El lema, la intención, el deseo de la iglesia peruana para el encuentro con su pastor.
¿Cuánto de unidad hubo en lo que a música se refiere?. 
Varios, muchos servidores de la música hicimos nuestras canciones, algunos las propusimos a nuestras comunidades y algotros las propusieron a los concursos.  Ahí comenzó la vaina.  Desconcierto, confusión, ¿cuál es el concurso que vale?, ¿el de la CEP, el de Lima?.  No, cada uno tiene su concurso y definirá su canción.  Se supone que el de la CEP es el oficial nacional, pero, al decidir Lima su propia canción, los hermanos ganadores del concurso de la CEP, al ser de Lima no pudieron cantarle al buen Francisco su canción.  ¿Será que porque eran de San Juan de Lurigancho y no músicos “reconocidos” (por no decir famosos del ambiente musical católico)?.  Buscar las respuestas serán motivo de otra nota, otro análisis, otros analistas.
En otro esfuerzo bonito, casi 50 cantores y cantoras nos unimos para hacer una canción.  Recordamos a quién motivó  y nos convocó a hacerlo y ofrecerlo a la CEP para que ella dispusiera qué hacer, era Abel, ex secretario ejecutivo de la Comisión de Juventud, que puso la idea y los primeros soles y todo el empuje.  La idea original era que fuera un aporte como himno.  Demoramos en hacerla, entretanto vinieron los concursos, no se presentó a ninguno.  Salió cuando ya había himno.  Nos quedamos en offside. ¿Qué hacer?  A promoverla, no hay otra, que ayude a los fines para los que fue hecha.  "Pero ya hay un himno oficial", no importa, promovámosla, de algo servirá.
En la práctica, varios de nosotros estuvimos promoviendo nuestras canciones a través de las redes a pesar que ya había el himno oficial.  Es cierto también que en muchos casos se promovía el himno oficial y exactamente después la canción propia. En fin.  Aquello de UNIDOS nos faltó precisar: ¿era unidos entre nosotros –nuestra mancha, colectivo, comunidad, congregación, parroquia, etc-?, ¿unidos como país, como iglesia?, o ¿unidos con quién?.  Bueno lo de iglesia tampoco funcionaba en lo que a música se refiere ya que había dos canciones, ¿entonces?….
Y para completar el sancochado, la cadena más importante de televisión hizo su propia canción, con sus artistas, y claro, promovió lo suyo.  ¿Y el himno oficial?  ¿Se cantó como pueblo en algún lugar?  En Puerto Maldonado, en la explanada, con el coro recibimos a Francisco con el himno oficial, pero la gente no la sabía.  Y ya sabemos, la canción puede ser muy bonita, pero si no la canta nuestro pueblo, todo se puede convertir en un show bonito –en algunos casos- pero sólo eso.  Dios quiere a su pueblo unido en una sola voz.  Sospechamos que Francisco también hubiera querido algo similar, "cantemos todos", como a la Virgencita.
En fin, en lo musical, lo de UNIDOS nos quedó grande, cada quién revisaremos la parte de responsabilidad que nos toca. 
Por ahora todavía seguimos saboreando la presencia de Francisco en nuestras tierras, que felizmente nos trajo más preguntas que respuestas, que quiso proponernos nuevas maneras de ir al encuentro con Jesús, el de la Buena Noticia.

4.2.18

EN LA TIERRA DE LA MADRE DE DIOS


“¿Creen que podrían apoyarnos? ¿Tendrán tiempo?”.  No había nada que pensar. ¡Claro que sí!.  Nosotros que les buscábamos y ellos que nos encontraron.

Francisco había anunciado su visita al Perú, Puerto Maldonado, Trujillo y Lima eran las ciudades elegidas.  Para ponernos a disposición de nuestra iglesia no había mucho que escoger, pensamos que quizá en el Vicariato de Puerto Maldonado podríamos ser más útiles.
Nuestro trabajo pastoral ha sido, desde siempre, el acompañar a nuestro pueblo en sus diversos momentos, de celebración, de oración, de alegría, de reflexión, etc. y este no era la excepción.  Un momento tan importante para la vida de fe de nuestro pueblo, el encuentro con su pastor, teníamos que acompañarlo, vivirlo en medio de.

Una de las primeras cosas fue el hacer una canción para preparar ese momento.  Hecha la canción, para la musicalización buscamos apoyo musical para que la canción tuviera “aire amazónico”. 
Primer aprendizaje.  Pasa que olvidamos lo importante que es escuchar antes.  Muy tromes nosotros, hicimos una versión muy a lo Mirlos pasando por Juaneco.  Cuando la escucharon nos dijeron que aquello no era posible, que esa es la versión que se ha creado para los turistas, que las comunidades nativas tienen otros sonidos, otros ritmos. 
(Y es que los músicos, las personas de arte en general, solemos escucharnos a nosotros mismos, buscamos a nuestras musas, hablamos desde nuestra experiencia y pensamos que todos la sienten así y así tiene que ser.  Cuántas veces habremos deslindado de esa manera de pensar, pero, hete ahí, que caímos una vez más).

Pasada la vergüenza inicial y contando con la indulgente comprensión de nuestros pastores, rehicimos la instrumentación en una versión más siembreña, más popular.  La cancioncita nos la pidieron de varias comunidades y la comenzaron a cantar en sus jornadas y sesiones donde se preparaba la espera.  En el camino se hacía el concurso para el himno oficial, así que una vez que éste fue definido, la dejamos descansar.  (Por ahí todavía, ahora que Francisco volvió a su casa, en algún lugar la volvimos a escuchar, “porque nos gusta pues”).

Puerto Maldonado es una ciudad pequeña, con alrededor de 100,000 habitantes, pero para el encuentro con Francisco se esperaba más del doble.  Aquello era un tráfago de actividades, donde lo central estaba en el encuentro que Francisco tendría con las comunidades indígenas que vendrían de todas las diócesis de la amazonía, además de las que vendrían de Brasil y de Bolivia.
Fuimos testigos del trabajo enorme de un equipo de personas liderado por el Obispo, Monseñor David, que se compraron el pleito y lo hicieron genial.  “En la próxima visita, el Papa ya no nos pilla desprevenidos, ¡ahora somos especialistas!”.
Días previos se hizo la Asamblea Pastoral del Vicariato, donde más de 300 agentes pastorales discutían su Plan de Trabajo a partir de la Evangelli Gaudium, nos tocó apoyar el trabajo con los jóvenes de la Pastoral Juvenil.

La noche previa a la llegada de Francisco era la Vigilia en la Plaza de Puerto, a partir de las 6:00 de la tarde.  Con los agentes pastorales, las personas de las hermandades, la gente que había venido en peregrinación y la población reunida fue un momento de oración, de alegría, de unción que terminaría a la medianoche con la procesión de las imágenes que eran llevadas hacia la explanada para el encuentro con Francisco.  


La preparación de la “Vigilia de la Esperanza y la Misericordia” –que se nos encargó- había sido un momento rico y de mucho aprendizaje, de una práctica ecuménica para poder llegar a buen puerto dadas las tan diversas maneras de vivir el evangelio que tenemos al interior de nuestra iglesia. (Segundo aprendizaje: respete las diversas formas de hacer carne el evangelio, la suya no es la única).
El punto alto de esa noche hermosa fue la presentación de “Sin límites”, grupo musical integrado por internos del penal que también estaban viviendo intensamente la venida de Francisco.  La colaboración y buena disposición del Director del Penal permitió ese encuentro que coronó el momento especial de la oración.

Al día siguiente, muy temprano, de madrugada ya estábamos ubicados en nuestro lugar.  El día anterior habíamos hecho la prueba de sonido, interrumpido por las lluvias que estaban empecinadas en cantar con nosotros. 

El coro del Vicariato, responsable del encuentro en la explanada, estaba formado por más de 100 personas, desde niños hasta personas mayores, y venían ensayando desde meses antes.  ¡Qué lindo que cantaban!, y tenían como apoyo a muy buenos músicos.  Teníamos que sumarnos para animar la espera de Francisco, ya que las personas estaban desde la madrugada y el Papa recién vendría hacia las 11 am.  Así que el “show” comenzó a las 6 de la mañana y entre videos y canciones fuimos calentando el ambiente.
La espera nunca es larga cuando el corazón está feliz.  Llegó Francisco desde el coliseo donde se había reunido con las comunidades nativas.  Las más de 150,000 personas nos deshicimos de alegría. Después de unas vueltas para estar cerca de todos, el papamóvil llegó al lugar preparado para él, estaba a unos pocos metros de nosotros. 

Hombre sencillo, directo.  No tenía apariencia -ni quería tenerla- de príncipe ni mucho menos exigía trato de eminencia o excelencia.  Hombre simple, pastor, quería estar cerca de este “su” pueblo.  El enorme abrazo que se dio con la familia que le dio la bienvenida era el retrato de este pastor, a Francisco lo puedes abrazar, dar la mano.
Francisco lucía la emoción del encuentro previo con las comunidades nativas, y mirando a toda la gente reunida, nos instó: “Tengo esperanza en ustedes, en el corazón de tantas personas que quieren una vida bendecida. Han venido a buscarla aquí, a una de las explosiones de vida más exuberante del planeta. Amen esta tierra, siéntanla suya. Huélanla, escúchenla,  maravíllense de ella. Enamórense de esta tierra Madre de Dios, comprométanse y cuídenla. No la usen como un simple objeto descartable, sino como un verdadero tesoro para disfrutar, hacer crecer y transmitirlo a sus hijos.”
Recibimos el encargo, luego de la bendición seguía su camino. Entonces, “Yo canto al Señor, mi Dios creador, por la vida nuestra vida que hoy quiere vivir” era la oración cantada con todos con la que despedimos a Francisco que se iba a otro encuentro.  

Al pasar a nuestro lado, nos regaló su bendición, su alegría, sus ganas de construir una tierra nueva donde cada hombre y cada mujer podamos vivir a plenitud.

Hace 32 años habíamos acompañado a otro Papa, en Villa El Salvador, cuando Juan Pablo tuvo su encuentro con los pueblos jóvenes.  Ahora, disfrutamos de este nuevo regalo: estuvimos con Francisco en su encuentro con la tierra de la Madre de Dios.